lunes, 13 de enero de 2014

Viaje

Unos leves pinchazos en el antebrazo le despertaron. Se había dormido apoyando la cabeza sobre la muñeca y ahora se le había entumecido. Resopló algo molesto y comprobó la hora en el reloj de pulsera que reposaba en la mesilla de noche. No eran más de las tres y diez de la tarde. El camarote temblaba de manera uniforme y la luz pasaba por los bordes de las cortinillas.