viernes, 11 de abril de 2014

Torre de marfil

Nos habla Quine de un posible alejamiento por parte de la filosofía al hombre corriente, lo cual nos hace pensar, inevitablemente, en el rechazo a este complejo de superioridad (que padecemos muchas veces los filósofos) que mantiene Wittgenstein cuando plantea a sus alumnos para qué le sirve a uno la filosofía si luego no es capaz de aplicarla a lo cotidiano. Realmente nos encontramos cara a cara con este problema cuando advertimos que, para los ciudadanos de a pie, la filosofía resulta algo tremendamente lejano, abstracto, que es inútil para la vida cotidiana, que no se lleva a la práctica.

lunes, 7 de abril de 2014

Quisiera ser ese envoltorio

 Subí al avión con ciertos aires de grandeza, sintiéndome casi el amo y señor de los aeropuertos. Coloqué despreocupado y casi con desdén la maleta en el portaequipajes que cerró, con un seco “click”, el asistente de vuelo (vulgarmente conocido como azafato).

miércoles, 19 de marzo de 2014

Poemas de bolsillo

-Amaneció allí:
podías rozarlo apenas,
pero ahí estaba,
como el primer día
.

sábado, 15 de marzo de 2014

Pragmatismo y café

La globalización es un hecho. Y globalización significa, prácticamente, que un estornudo en
Valdepez de la Frontera puede convertirse, por arte de magia, en “trending topic” de Twitter.

viernes, 14 de marzo de 2014

La chica que escuchaba los Beatles

Me encontraba a medio camino entre Bilbao y Pamplona, en un autobús destartalado que vibraba de forma preocupante cuando pasaba de los noventa kilómetros por hora. A mi lado se sentaba una chica que perdía todo su encanto al dormir con la boca abierta de par en par. Las cortinillas no lograban tapar totalmente el intenso sol de las cinco y media de la tarde, y yo me revolvía, incómodo, en mi sitio.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Nada

Llevaba un par de horas encerrado en la biblioteca dándole vueltas al tema de este ensayo acerca del prólogo de Wittgenstein a su “Tractatus” cuando he caído en la cuenta de que la parta más importante de dicho prólogo eran las dos últimas frases, que Wittgenstein deja caer sutilmente. Cuando las he vuelto a leer (“Soy por ello de la opinión de que, en lo esencial, he resuelto los problemas de modo indiscutible. Y si no estoy equivocado en esto, la segunda cosa de valor que hay en este trabajo consiste en mostrar cuán poco se ha conseguido una vez que estos problemas se han resuelto”)*, me ha embargado una suerte de emoción parecida a la que siente el afortunado que encuentra la figura del rey en un roscón de reyes.

domingo, 9 de marzo de 2014

Pies diminutos

 Estaba en mi cuarto, sentado en una silla giratoria de Ikea frente a un ejemplar del Gran Gatsby en inglés del que no conseguía pasar de la segunda página, cuando escuché la risa sonora, estridente y contagiosa de un niño. Dando una vuelta a la silla con un preciso y estudiado movimiento de caderas, miré por la ventana, y prometo que la escena conmovería al mismísimo Clint Eastwood de Gran Torino. O por lo menos a mi me conmovió. Un poco.