miércoles, 19 de marzo de 2014

Poemas de bolsillo

-Amaneció allí:
podías rozarlo apenas,
pero ahí estaba,
como el primer día
.

La canción del indigente
de la plaza de España
comienza a mediados de abril
cuando las parejas pasean
y su soledad es más cierta.
El indigente (desaliñado, sin afeitar,
con los dientes amarillos)
escribe pequeños poemas
y los guarda en sus bolsillos
y se enfada con las palomas
y sonríe a los niños
Y ve un verso tras otro,
pero la calle apenas le deja
-un verso/un poema, dos versos/otro poema-
a las 14 la calle huele a kebab
y los turistas
sacan a relucir sus brazos y sus caras
rojos del sol.
Ya es verano
el vagabundo ya no está en su portal
de pl. España,
(ha buscado una sombra mejor,
donde no haya
meadas de perro
ni
cagaditas
de pájaros).

Es verano. Las gaviotas.
Hace calor.

En agosto mi vagabundo ha encontrado
una sombra fresca,
con moscas y
graffitis,
sin palomas ni perros.
Empezó su canción en abril
cuando
los enamorados
paseaban
y
su soledad era más patente

y su canción era
un poema de la calle
y de la velocidad de los coches
que pasaban con tanta prisa.
Anoche me fijé en las estrellas:
era noche de verano
hacía calor
y
salí a fumar al jardín
y
pensé en el vagabundo
de dientes amarillos
y en cómo la calle
le impedía encontrar su canción,
pensé que me gustaría
saber algo de astronomía
-sólo se encontrar
la Osa mayor y la estrella polar-

de día en la ciudad
pasan ráfagas de autobuses
y los empleados van rápidos a sus
oficinas
con vasos de café para llevar
y con los auriculares en los oídos
para no escuchar
sus propios remordimientos
o qué sé yo




J. B.