Llega de la frutería tras un día tan tedioso como cualquier otro de
sus días. Cierra pesadamente la puerta del piso y se deja caer en el
sofá, soltando un leve suspiro de cansancio. Enciende la televisión,
se hace un moño de cualquier manera y se quita los feos zapatos de
trabajo. Nunca le han gustado sus pies, desde adolescente envidia a
las top-model, esas chicas perfectas de piernas kilométricas que
tienen la vida solucionada por tener buen tipo y una cara bonita:
ellas no tienen que pasarse el día cargando con cajas de manzanas.