sábado, 1 de marzo de 2014

Todas las mujeres son hermosas

 Llega de la frutería tras un día tan tedioso como cualquier otro de sus días. Cierra pesadamente la puerta del piso y se deja caer en el sofá, soltando un leve suspiro de cansancio. Enciende la televisión, se hace un moño de cualquier manera y se quita los feos zapatos de trabajo. Nunca le han gustado sus pies, desde adolescente envidia a las top-model, esas chicas perfectas de piernas kilométricas que tienen la vida solucionada por tener buen tipo y una cara bonita: ellas no tienen que pasarse el día cargando con cajas de manzanas.

Trabaja en esa frutería desde los quince años, y ahora, a los veintidós, tiene que hacerse cargo del negocio familiar porque su padre está jubilado y medio inválido, mientras el resto de chicas de su edad han acabado sus estudios universitarios o viven del dinero de sus papis, como su amiga Paula. Qué envidia le da todo el mundo... Enciende un cigarrillo y se acurruca mejor en el sofá; en la tele dan anuncios, pero no les presta la más mínima atención, está concentrada en sus pies feos y en no ensuciar el sofá con la ceniza del pitillo.
A sus veintidós años parece una mujer de casi cuarenta: le ha podido la realidad, como a casi todo el mundo. Es una chica triste y cansada, pero precisamente eso la hace más hermosa, aunque no se dé ni cuenta...
La despierta el claxon de un coche: se ha quedado dormida y han dado las ocho y cuarto. “¡Mierda, la lavadora!”. Chasquea la lengua, molesta, y se levanta rápido a tender la ropa. La tele sigue emitiendo destellos azulados al salón en penumbra.
Después de hacer la colada se da una ducha rápida, se enrolla la toalla a la cabeza y se mira al espejo, probando sonrisas. “Esta noche vas a comerte el mundo, querida”, se dice. “Hoy arrasarás y los conquistarás a todos. Estás guapísima”. Suena Ingrid Michaelson a todo volumen en la radio: “I just wanna be ok, be ok, be ok...”.

Se le ha ocurrido una idea genial, y sonríe, contenta. Coge el teléfono y marca un número. Unos segundos después contesta una voz femenina “¿Diga?”. Carraspea y entonces exclama “Paula, salgamos esta noche. Estoy lista”.


J. B.