jueves, 5 de diciembre de 2013

Despacio

Abandono el esmalte blanco y gastado del borde de la bañera. Totalmente desnudo me enfrento al espejo; limpio el vaho húmedo que se deshace en gotas. Abro el armario y tomo el peine. Antes levanto la tapa del inodoro y me siento. Casi el mismo esmalte que la bañera, pero frío, casi hostil. Tenso el cuerpo, acabo, uso el papel y tiro de la cadena. Vuelvo al espejo, me lavo las manos a conciencia. Sigo desnudo. El ritual de los sábados: ducharse, cagar, peinarse, colocarse la toalla alrededor de la cintura. Vuelvo a limpiar el vaho del cristal. -Ya ha salido el café.


Me gusta
ponerme
los botines
marrones


Sales ya del apartamento. No quieres, ella está dentro. Pero debes volver a alejarte de la suavidad de su pecho palpitante y del calor de sus manos, de sus ojos. Y ahora la calle oscura, el taxista, la bufanda mal colocada. Y ella adentro, entre sus sábanas, con su perfume en la boca. Estaba preciosa dormida.


Lento,
me desnudo otra
vez.
Dos cuerpos
separados,
mi incomprensión.



Despacio, como siempre. Te vistes con cuidado. Los calzoncillos bien colocados, los calcetines. Desodorante, pero sin pasarse. La camiseta interior ajustada, la térmica. Eliges dudando la camisa de cuadros azules y amarillos. El cuarto en sombras. Ahora el pantalón beige. Te atas los zapatos un poco torpe. Bufanda y abrigo. Último vistazo al espejo antes de salir. Bien. Sales y cierras la puerta despacio.





Los botines tirados
en el suelo.




J. B.