Abandono
el esmalte blanco y gastado del borde de la bañera. Totalmente
desnudo me enfrento al espejo; limpio el vaho húmedo que se deshace
en gotas. Abro el armario y tomo el peine. Antes levanto la tapa del
inodoro y me siento. Casi el mismo esmalte que la bañera, pero frío,
casi hostil. Tenso el cuerpo, acabo, uso el papel y tiro de la
cadena. Vuelvo al espejo, me lavo las manos a conciencia. Sigo
desnudo. El ritual de los sábados: ducharse, cagar, peinarse,
colocarse la toalla alrededor de la cintura. Vuelvo a limpiar el vaho
del cristal. -Ya ha salido el café.
…
Me
gusta
ponerme
los botines
marrones
ponerme
los botines
marrones
…
Sales
ya del apartamento. No quieres, ella está dentro. Pero debes volver
a alejarte de la suavidad de su pecho palpitante y del calor de sus
manos, de sus ojos. Y ahora la calle oscura, el taxista, la bufanda
mal colocada. Y ella adentro, entre sus sábanas, con su perfume en
la boca. Estaba preciosa dormida.
…
Lento,
me desnudo otra
vez.
Dos cuerpos
separados,
me desnudo otra
vez.
Dos cuerpos
separados,
mi
incomprensión.
…
Despacio,
como siempre. Te vistes con cuidado. Los calzoncillos bien colocados,
los calcetines. Desodorante, pero sin pasarse. La camiseta interior
ajustada, la térmica. Eliges dudando la camisa de cuadros azules y
amarillos. El cuarto en sombras. Ahora el pantalón beige. Te atas
los zapatos un poco torpe. Bufanda y abrigo. Último vistazo al
espejo antes de salir. Bien. Sales y cierras la puerta despacio.
…
Los
botines tirados
en el suelo.
en el suelo.
J. B.