domingo, 1 de diciembre de 2013

Un baile

Un baile. Camina por la calle sobre charcos de nieve sucia. Llega tarde, va con prisa. La miro desde el balcón. La nieve la envuelve. La nieve cae frenética, desde lejos. Si la miro de cerca cae despacio, despacio… Contraste entre el frío de afuera y el calor de adentro. Vuela su bufanda roja rebelde. Un rayo de sol de vez en cuando se abre paso entre millones de partículas de agua congelada. Es hermoso ver caer la silenciosa nieve desde mi balcón, es hermoso ver pasar a la gente allí abajo, es hermoso ver como cae la nieve en un silencio frenético y fijarse en los copos que caen despacio. La nieve baila. No es como la lluvia; la lluvia es triste y monótona, o es simplemente furiosa y cruel. La nieve no. Una vez vi nevar en la playa. Fue un espectáculo bello. La belleza es inútil… por eso es bella.
Y en la playa era inútil la nieve, y era rara, y era bella. Sin embargo los coches pasan entre la nieve sin reparos, ajenos a lo hermoso, con prisa. La prisa parece útil… desde el balcón también se pueden ver las montañas a lo lejos. Muy lejos. Pero se las ve todas nevadas y quietas. La lejanía parece quieta. Observar. Fumar un cigarrillo tras otro y esperar, y observar como la nieve cae lenta y frenética a la vez, en silencio. Mientras nieva los negocios siguen abiertos, y la gente sigue trabajando con los ojos fijos en el ordenador. Es lo malo, se han acostumbrado. Yo no. El viento hace bailar a la nieve, y es hermoso observar, sólo observar y fumar… pero no es útil; tampoco el baile. La nieve se precipita caprichosamente. Sí, es un fuerte contraste el de afuera-adentro. Adentro hay una mesa con un mantel de hule, un bote de mayonesa, uno de kétchup uno de mostaza, uno de tabasco y uno de salsa de yogur. Y el radiador junto a la mesa. Y la cristalera enfrente, y yo sentado frente a la cristalera, fumando. Y afuera la nieve, la calle y los charcos sucios, y la mujer que ya dobló la esquina hace rato, y los coches y las personas impasibles. Y sobre todo el baile de la nieve con el viento. Es como un hermoso vals. - Ella está preciosa con su vestido nuevo, como una gasa ligera, y esos zapatos blancos tan finos. Su mano en tu hombro, laca roja en las uñas perfectamente limadas. Hermoso pelo suelto, te dice palabras al oído, te dejas llevar por la música. Es perfecto.- A veces fina, a veces a copos enormes. A veces tan densa que no ves el otro lado de la calle. A nadie se le ocurriría andar en bicicleta un día como hoy. El paraguas es útil… lo bello es inútil, una vez más. Ahora el vals acelera. Vueltas y vueltas sin parar… la nieve es como un vestido ligero, ligero, una chica guapísima con un vestido precioso bailando un vals. Hoy no hay pájaros. ¿Cómo podría alguien hoy ponerse a mirar la tele? Sería absurdo… bueno, también es absurdo quedarse mirando la cristalera, como un pasmarote… pero al menos es más inútil… Este plano es espectacular: mantel de hule, botes de salsa, un radiador y afuera nevando. Espectacular. Y otra vez el baile, pero ahora no es sólo una chica: son miles de vestidos ligerísimos en bailes en apariencia desacompasados, pero en una armonía perfecta. Como dejar caer millones de trocitos de papel desde un décimo piso, o desde un helicóptero. Después de un rato, el baile cesa. Como todo. Y una luz blanquísima y pura me hace cerrar los ojos.

J. B.