La he visto apenas unos segundos, enfundada en su cazadora de cuero con solapas, ocupada en encender un cigarrillo mientras salía de la estación del metro. Llevaba esos leggins que enloquecen a cualquiera y unas botas con tachuelas.
Antes de encender el cigarrillo agitaba la melena rubia levemente y de una manera encantadora, con los ojos entrecerrados.
Antes de encender el cigarrillo agitaba la melena rubia levemente y de una manera encantadora, con los ojos entrecerrados.
Caminaba con paso decidido y sin prestar atención a cuanto la rodeaba, con aires de suficiencia, capaz de hipnotizar al resto de los mortales con un movimiento de sus caderas. Luego ha desaparecido. Quiero decir, que el tren ha pasado de largo y parecía que nadie más había reparado en ella. Me he quedado unos segundos mirando el marco de la ventanilla por si reaparecía por casualidad, quedándome con el brillo de sus mechas rubias en la retina.
Luego he seguido jugueteando con la canica de cristal que llevaba en el bolsillo de la chaqueta.
J. B.